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último apunte de diario (22) El lector desmemoriado. Desvergonzada novela rosa
   
 
20/01/2019 | Carlos Taibo | El lector desmemoriado - |
www.carlostaibo.com (20 de enero de 2019)
 
Uno de los prohombres de la vida política española –olvidemos nombres- suele relatar en primera persona algo que quien esto escribe tuvo a bien contarle en su momento y de lo que con toda evidencia esa singular y estrambótica figura no fue testigo. Recordarán ustedes que años atrás Ana Rosa Quintana, la presentadora de televisión, fue acusada de plagio de una autora, norteamericana, de novela romántica llamada Danielle Steel.

Un día, cuando la denuncia en cuestión estaba en todos los corrillos, entré en Madrid en una librería y, apostado delante de una mesa llena de libros de bolsillo, escuché una conversación que mantenía una pareja de cierta edad. Señalando una de las novelas de Danielle Steel, el hombre le espetó a su compañera: “Mira ésta. Aprovechándose del tirón de Ana Rosa, ahí la tienes, vendiendo libros como una salvaje”. Mientras la plagiada se convertía en una deleznable usurpadora, la plagiadora asumía el papel de víctima infeliz de las malas artes ajenas. No sé yo, por cierto, qué ganaba nuestro prohombre al contar en primera persona una anécdota que hubiera podido relatar cortésmente de la mano de una discreta fórmula introductoria del tipo “un amigo me contó...”. Vanidad de vanidades.

Me permito agregar, y hoy si viene a cuento, que apenas he frecuentado la novela rosa. Supongo que, en buena medida, por una razón muy prosaica: el temor a que me enganchase de por vida. Hace años publiqué un par de libros en una editorial que estaba rescatando buena parte de la novelística de Corín Tellado. La responsable de prensa consiguió que la autora asturiana me dedicase una de sus obras que, por pundonor, decidí leer. Me pareció, por fortuna, muy poco atractiva. No quiero ni pensar lo que hubiera ocurrido si mi juicio hubiese sido otro y, de resultas, hubiese pasado varios años embebido en la lectura de los centenares de novelas que Corín Tellado entregó a la imprenta. Igual debiera darle una oportunidad, sin embargo, a la mentada Danielle Steel, esa inefable ladrona, o a Rosamunde Pilcher. Una obra de cada una de ellas espera desde tiempo atrás en mi biblioteca. Nada me cuesta reconocer, eso sí, que he disfrutado, y mucho, leyendo las grandes novelas románticas del XIX, con el Amor de perdición de Camilo Castelo Branco en lugar prominente.
 
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