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último apunte de diario (20) El lector desmemoriado. Los planes editoriales de un genio generoso, loco y divertido
   
 
02/12/2018 | Carlos Taibo | El lector desmemoriado - |
www.carlostaibo.com (2 de diciembre de 2018)
 
A lo largo de su vida Fernando Pessoa trazó muchos planes encaminados a crear editoriales que debían publicar un sinfín de libros. De manera llamativa, aunque entre esos planes de edición se contaban, ciertamente, algunos de los textos del poeta, al cabo fue mucho más generoso en lo que hace a la publicación de trabajos de amigos y conocidos. Así las cosas, los poemas de los tres principales heterónimos pessoanos -Álvaro de Campos, Ricardo Reis y Alberto Caeiro- nunca vieron la luz, en vida de Pessoa, en forma de libro. El único trabajo de poesía en portugués que Pessoa vio salir de una imprenta con esa forma -Mensagem (Mensaje)- apareció en 1935, el año de la muerte de don Fernando, de resultas de un premio al que éste concurrió más bien desganado y deudor de una temática épico-nacionalista que, aunque impregnada de innegable talento, poco tenía que ver con la textura de los heterónimos.

Y, sin embargo, Fernando Pessoa entregó a la imprenta algunos libros de poemas en inglés, la lengua en la que había sido escolarizado, en sus años de formación, en Durban, en Sudáfrica. Con lo que entiendo que era su habitual ironía, justificó que aparecieran en Portugal con arreglo a la idea de que, tratándose de textos de temática fuerte, a menudo homoerótica, a duras penas habrían podido ver la luz en Inglaterra. Hay quien se preguntará, claro, en virtud de qué extraño azar pudieron publicarse, en cambio, en Portugal. La única respuesta convincente sugiere que en este país nadie, o casi nadie, leía inglés…

No está de más que recuerde, en fin, que uno de los muchísimos heterónimos pessoanos, Jean Seul de Méluret, escribía en francés. Acaso no hay mejor indicador del genio del poeta que el hecho de que Robert Bréchon, su biógrafo, asevere que en los poemas, varias decenas, de Jean Seul de Méluret se aprecia algún que otro error sintáctico. Si yo escribiese poesía en francés -dios no lo quiera- cometería varios deslices en cada verso.
 
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