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último apunte de diario (11) El lector desmemoriado. Borges tuvo, vagamente, 24 años
   
 
09/10/2018 | Carlos Taibo | El lector desmemoriado - |
www.carlostaibo.com (9 de octubre de 2018)
 
Parece que Borges sentía poca simpatía por España, y en singular por los andaluces. Creo recordar que cuando le preguntaban por García Lorca solía responder que era un andaluz profesional. Y cuando lo hacían por Antonio Machado replicaba que desconocía por completo que don Manuel tuviese un hermano. Me viene ahora a la memoria también, por cierto, en la que entiendo que es la mejor boutade que he escuchado nunca, que Borges afirmó en su momento que la mayor aportación de España a la cultura universal han sido los galicismos…

En una ocasión le oí contar a Luis García Montero que, con 24 años de edad, tuvo la oportunidad de visitar Buenos Aires. Un colega le explicó que trataba a Borges y que, si a Luis le parecía bien, tendría mucho gusto en presentárselo. Este último respondió, claro, de forma afirmativa, aun cuando cabe suponer que lo hizo cargado de temores ante las posibles iras antiespañolas del escritor argentino. Según el relato de García Montero, el bueno de Borges sólo tuvo una salida de tono. Fue al principio de la conversación, cuando el colega de Luis presentó a éste como “un poeta español de 24 años de edad”. Borges reaccionó inmediatamente y apostilló que recordaba vagamente haber tenido 24 años, pero que no creía haber sido nunca un poeta. El encuentro siguió, por lo que parece, con exquisita cordialidad.

Borges fue, de cualquier modo, un eximio poeta. No se me ocurre otro calificativo para alguien capaz de escribir unos versos como éstos. Les dejo con ellos.

I
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado./ Ya no compartirás la clara luna/ ni los lentos jardines. Ya no hay una/ luna que no sea espejo del pasado,/ cristal de soledad, sol de agonías./ Adiós las mutuas manos y las sienes/ que acercaba el amor. Hoy sólo tienes/ la fiel memoria y los desiertos días./ Nadie pierde (repites vanamente)/ sino lo que no tiene y no ha tenido/ nunca, pero no basta ser valiente/ para aprender el arte del olvido./ Un símbolo, una rosa, te desgarra/ y te puede matar una guitarra.
II
Ya no seré feliz. Tal vez no importa./ Hay tantas otras cosas en el mundo;/ un instante cualquiera es más profundo/ y diverso que el mar. La vida es corta/ y aunque las horas son tan largas, una/ oscura maravilla nos acecha,/ la muerte, ese otro mar, esa otra flecha/ que nos libra del sol y de la luna/ y del amor. La dicha que me diste/ y me quitaste debe ser borrada; lo que era todo tiene que ser nada./ Sólo que me queda el goce de estar triste,/ esa vana costumbre que me inclina/ al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina. 


 
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