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último apunte de diario Muchas primaveras para el 15-M
   
 
09/05/2016 | Carlos Taibo | 15-M, movimiento - |
Madrid 15-M (nº47)
 
Es un comentario muy extendido el que valora positivamente lo que ha supuesto, hasta hoy, el 15-M: un renacimiento general de la contestación, el recordatorio de que en nuestras manos está hacer cosas que cambian la vida de las personas, el impulso otorgado, generosamente, a otras iniciativas y, en suma, y al menos años atrás, un designio de movilización permanente.
Conviene, aun así, que agregue algo a todo lo anterior. A los ojos de muchas personas, y con la disensión –ciertamente- de otras, el 15-M se propuso, con éxito bien que limitado, recuperar herramientas que el juego político al uso –el de antes como el de hoy- pretende desterrar. Hablo de la asamblea, de la autogestión, de la acción directa, del rechazo de liderazgos y personalismos, y, en fin, del franco designio de discutirlo todo. El escenario en el que esa propuesta se revela hoy lo determina en buena medida un hecho palpable: si las fuerzas políticas emergentes plantean una discusión a menudo interesante sobre el régimen, infelizmente poco, o nada, nos dicen sobre el sistema. A la categoría del régimen corresponden, para entendernos, el bipartidismo, la corrupción o, incluso, la disputa sobre la república y la monarquía. Lo del sistema remite, en cambio, a todas esas materias de las que no es de buen tono hablar en las tertulias al uso, sea cual sea el pelaje ideológico de las personas (?) intervinientes: el capitalismo, el trabajo asalariado, la mercancía, la alienación, la sociedad patriarcal, las guerras imperiales, la crisis ecológica, el colapso...
Por detrás, pero en este mismo orden de cosas, lo suyo es recordar que el 15-M ha alimentado, llamativamente, la apertura de espacios autónomos autogestionados, desmercantilizados y, ojalá, despatriarcalizados. Lo he dicho muchas veces: dentro del movimiento ha habido de siempre dos almas distintas. Si la primera, que en muchos casos ha acabado por emigrar para buscar otros horizontes, lo que se proponía en esencia era elaborar propuestas en la confianza de que serían atendidas por unos u otros agentes políticos, la segunda –la que ahora me interesa- se ha orientado de siempre a la apertura de esos espacios, sin aguardar nada, por añadidura, de partidos, instituciones y gobernantes. Estoy pensando en lo que suponen los grupos de consumo, muchas de las ecoaldeas, las cooperativas integrales, las iniciativas de tantos centros sociales o, en suma, el incipiente movimiento de trabajadores que, de manera autogestionaria-cooperativa, se han hecho con el control de empresas que estaban al borde de la quiebra. Una de las tareas pendientes –bien lo saben tantas activistas- es la que pasa por federar esas iniciativas y por acrecentar su dimensión de confrontación con el capital y con el Estado. Las cosas como fueren, el asentamiento de muchos de los espacios que me ocupan es, a mi entender, el cambio más importante registrado en los últimos años.
El escenario presente se ve marcado –creo yo- por dos grandes datos. Si, por un lado, hay muchas gentes –intuyo que, y por razones que saltan a la vista, cada vez menos- hechizadas por lo que pueda ofrecer la acción en las instituciones, por el otro asistimos a una dramática desmovilización en el terreno social y laboral. Ante un panorama como éste lo menos que se puede decir es que no faltan quienes piensan que sería muy saludable que el 15-M, o algo similar, recuperase aliento y fuerza. Como quiera que me cuento entre quienes siguen pensando que el movimiento del 15 de mayo como tal arrastra una más que saludable imagen y un currículo más que respetable, no veo por qué habríamos de buscarle otro nombre a una iniciativa como la que preconizo (no sin sentirme obligado a agregar, claro, que lo del nombre es, al cabo, lo de menos).
Si son muchas las personas que piensan lo mismo, o algo parecido, bueno sería, eso sí, que nos empeñásemos en no repetir errores del pasado. Hay quien ha dicho que el 15-M fue un intento de adaptar al escenario de la crisis lo que supusieron en su momento los movimientos antiglobalización precedentes. Si es así, necesitamos ahora una nueva adaptación, cual es la que permita combinar la acción a pie de calle del 15-M y su vocación asamblearia y antiautoritaria, por un lado, con el designio de pagar tres onerosas deudas: las que tenemos con las mujeres –víctimas de una secular marginación en todos los órdenes-, con muchos de los habitantes de los países del Sur –sometidos de siempre a la explotación y la exclusión- y con unas generaciones venideras a las que llevamos camino de entregar un planeta inhabitable. Al respecto, y a mi modestísimo entender, se imponen tareas urgentes como las que nos hablan de decrecer, desurbanizar, destecnologizar, despatriarcalizar, desmilitarizar y descomplejizar nuestras sociedades.
No me parece que esté de más, en fin, que recuerde un hecho a menudo olvidado: el 15-M existe todavía en muchos lugares. Nada lo prueba mejor que la revista en la que se publican estas líneas.

 
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