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último apunte de diario Razones para celebrar un aniversario
   
 
20/05/2014 | Carlos Taibo | 15-M, movimiento - Estado español/España |
Madrid 15-M (mayo de 2014)
 
En las páginas de este periódico ya me he referido en alguna ocasión al debate, que nos acosa desde hace tiempo, sobre si el 15-M conserva o no su vitalidad, un debate que a menudo se hace acompañar de otro relativo a si, en muchos lugares, el movimiento pervive o, por el contrario, ha desaparecido. Creo que, ahora que se celebra el tercer aniversario del movimiento, no está de más, sin embargo, deslizarse por otro terreno y entregarse a la tarea de justificar por qué es preciso que se haga valer algo como el 15-M, de tal forma que si éste dejase de existir, en virtud de las razones que fueren, se impondría crear algo parecido. Y no está de más, por añadidura, argumentar lo anterior desde la conciencia, inevitable, de que no es oro todo lo que reluce en nuestras asambleas populares.

Cuatro son las razones que, a mi entender, formarían parte de la justificación anunciada. La primera es la práctica consistente y persistente, a la que se ha entregado el movimiento del 15 de mayo, de la democracia directa, desde abajo, frente a los juegos de quienes todo lo conciben en términos de delegación, de separaciones y, al cabo, de liderazgos y personajes. El impulso espontáneamente libertario del 15-M a muchos nos parece que es cimiento principal de la réplica frente a un capitalismo que se adentra a marchas forzadas en una etapa de corrosión terminal y que se aproxima por momentos al colapso. Y lo es, entre otros motivos, por cuanto el movimiento ha procurado rehuir -no siempre con éxito, es verdad- las apuestas eficacistas y cortoplacistas en provecho de proyectos que implican la contestación cabal de la miseria existente.

La segunda de las razones anunciadas recuerda que, frente a la agresiva actividad del sistema, el 15-M propone, y practica, la movilización continua, ejercida de mil maneras diferentes. Una de las concreciones mayores de esa propuesta ha sido, claro, la resistencia frente a una represión que es bien sabido va manifiestamente a más. Pero, en este orden de cosas, hay que agregar que el movimiento del 15 de mayo ha mostrado en paralelo la firme voluntad de apoyar, con infinita generosidad, todas las iniciativas que contestan el sistema desde la perspectiva de la acción y la concienciación desde abajo. En este terreno sorprende que muchos prefieran ignorar lo que desde mi punto de vista ha sido las más de las veces un trabajo modélico, con resultados palpables. Creo, en particular, que el éxito reciente, con las limitaciones que queramos, del 22-M es difícil de explicar sin lo que antes, y al tiempo, ha supuesto el movimiento del 15 de mayo.

Una tercera razón, de peso no menor que el de las anteriores, la aporta la apuesta del 15-M por el apoyo mutuo y, más allá de éste, por la desmercantilización. La búsqueda de formas de relación que no se asientan en el beneficio, sino que lo hacen en la cooperación y la solidaridad, se ha visto muchas veces completada por un ejercicio conscientemente encaminado a forjar consensos y a procurar vivificaciones mutuas frente al sectarismo cainita que ha marcado indeleblemente otras muchas iniciativas. La dimensión de un movimiento que, en este terreno, ha servido a menudo de genuino espacio de encuentro no es en modo alguno despreciable.

La cuarta, y última, de las razones nos habla del designio que muchas asambleas populares del 15-M han mostrado en lo que se refiere al apoyo a la gestación de espacios de autonomía autogestionados y, de nuevo, desmercantilizados. Si estos espacios han adquirido un peso visiblemente mayor en los últimos años –véase, a título de ejemplo, lo que significan, material y simbólicamente, las cooperativas integrales-, ello ha sido así en muchos lugares, y en buena medida, gracias al impulso que el movimiento del 15 de mayo ha otorgado a proyectos de esta naturaleza.

Que sigan existiendo instancias comprometidas en apuntalar las cuatro razones que acabo de mencionar es tanto más urgente cuanto que muchos de quienes dijeron apostar por el 15-M parece que han tomado otros rumbos y hoy se declaran partidarios acérrimos –no tienen tiempo, en los hechos, para otra cosa- de fórmulas que son diametralmente opuestas a las que ha desplegado en las plazas el movimiento. He escrito en alguna ocasión que no me gustaría tener que certificar que el 15-M desapareció de resultas de la acción combinada de los puros que decidieron que no procedía mezclarse con una iniciativa que no estaba a la altura de sus excelsos ideales y de quienes no apreciaron en el movimiento otra cosa que una plataforma más al servicio de sus intereses partidario-electorales. Me limito a anotarlo, aquí, de nuevo.
 
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