galego-português imprimir cerrar
Artículos
 
 
 
último apunte de diario De públicos enojos
   
 
28/04/2014 | Carlos Taibo | Medios de comunicación - Derechos y libertades |
www.carlostaibo.com (28 de abril de 2014)
 
De vez en cuando me preguntan cómo acabó mi relación con el diario "Público". Leo hoy una entrevista con Pere Rusiñol -en tiempos adjunto a la dirección del periódico- que aparece en rebelion.org. En un momento determinado es a Rusiñol a quien le preguntan por las razones que vendrían a explicar por qué gentes como Javier Ortiz y yo -el entrevistador nos describe como "firmas duras"- dejaron de escribir, años atrás, en "Público". En el caso de Ortiz el argumento de Rusiñol resulta irrefutable: Javier, infelizmente, falleció y eso, por lo que parece, es moderadamente incompatible con la tarea de escribir. En relación conmigo, el entrevistado asevera lo que sigue: "Taibo, por lo que tengo entendido, se enojó por algo y dejó de enviar artículos".

Cierto es que Rusiñol se muestra cauteloso y que lo que afirma no es literalmente incierto, aunque resulte intencionadamente vago y elusivo, tanto más cuanto que, por lo que se deduce, el propio Rusiñol, como tantos, no hizo nada por conocer las razones de "mi enojo". La historia, sin embargo, tiene su miga. Formé parte del Consejo Editorial de "Público" desde que tal consejo fue creado hasta que, a finales de marzo de 2010, decidí presentar mi renuncia. Las razones -nadie, absolutamente nadie, ni siquiera el responsable formal de ese consejo, me preguntó por ellas- fueron dos. La primera, bien prosaica, la aportó el hecho de que el consejo en cuestión nunca se había reunido y constituía, de resultas, una genuina farsa. La segunda, más personal, me obliga a recordar que eran muchas mis diferencias con un periódico que en 2009 había abrazado como agua de mayo la candidatura madrileña a la organización de los juegos políticos, que estimaba que "los sindicatos" eran sin más CCOO y UGT, y que, más tarde, hubo de tomarse varios días para tomar nota de lo que significaba un movimiento surgido un 15 de mayo. Y es que a "Público", un diario accidentalmente de "izquierdas", le faltaban sensores elementales en lo que se refiere a lo que ocurre en la cabeza de muchas gentes que piensan, resisten y actúan. Algo que a sus responsables, por lo visto, no les importaba en absoluto.

Éste es un país en el que quien dimite se convierte en un apestado por desleal. En mi caso fui correspondido con un calvario que ilustran dos hechos. "Público" tardó literalmente cien días en sacar a la luz un artículo sobre IU que, al parecer políticamente incorrecto, con toda evidencia no deseaba incluir en sus páginas. Unas semanas después me devolvió un texto sobre el centenario de la CNT en el que yo había tenido la mala idea de disentir del discurso, tan paternalista como prepotente, de los portavoces del sistema, que encontraron, en cambio, páginas abiertas en el diario progresista. Me limité entonces a aplicar el "a buen entendedor pocas palabras bastan" y a contemplar cómo la credibilidad del periódico -ya no por lo mío, que era lo de menos- se desmoronaba. Confieso ahora que, con tantas gentes como hay que prefieren guardar silencio y presumen de representar a la gente decente, hay heridas que el tiempo no cura.
 
subir