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último apunte de diario Entrevista a Carlos Taibo sobre el 15-M
   
 
14/06/2013 | Dani Font | - |
CNT (junio de 2013)
 
Si somos injustos con el 15-M, ¿es tal vez porque esperábamos que lo resolviera todo y rápido?

Creo que si el 15-M tiene sentido es como movimiento de largo recorrido. Es más: si hubiese obtenido algún éxito fácilmente perceptible, sospecho que habría sido porque habría rebajado lamentablemente la radicalidad de sus expectativas. Y creo que no lo ha hecho.

¿Qué opinas de la nueva forma de movilizarse que generó el 15-M haciendo comunes espacios públicos? ¿Crees que movilizaciones de este tipo seguirán en los próximos años?

La apuesta movilizadora del 15-M, con su énfasis rotundo en la asamblea y en la autogestión, a mi entender tenía y tiene, espontáneamente, hondas raíces libertarias. En una de sus dimensiones centrales ha obedecido al propósito de hacer frente, con orgullo, a las formas de organización características de la ‘izquierda tradicional’, asentadas en la delegación, en la jerarquía y en el liderazgo. Me parece, por añadidura, que los sectores del 15-M que han mostrado sus recelos ante la horizontalidad han perdido claramente la batalla. Como la han perdido quienes quieren colocar al movimiento en la disputa política convencional.

Además de recuperar el peso de los barrios, ¿qué otros logros destacarías del 15-M?

Son cinco, a mi entender, las virtudes del 15-M: ha permitido forjar una nueva identidad contestataria, ha servido de espacio de reencuentro de gentes muy diversas, ha recuperado debates que el sistema intentaba --con razonable éxito-- arrinconar, ha dado alas a muchos movimientos que están a su alrededor y, por encima de todo, ha hecho posible que muchas gentes descubriesen que estaban en condiciones de asumir acciones y posiciones que dos años atrás hubiesen resultado impensables.

¿Por qué ciertos sectores de la población siguen sin dar apoyo pleno al movimiento pese a que éste los defienda?

Creo que en general el 15-M suscita ‘simpatía’ pero que, al tiempo, no provoca el designio de sumarse a sus asambleas e iniciativas, lo cual configura, claro, un problema que no es precisamente menor. Pero, esto al margen, no hay que engañarse: hay mucha gente que sucumbe a las estrategias de amedrentamiento que despliegan nuestros gobernantes, de la misma suerte que hay muchas personas satisfechas con el horizonte que propone la ‘izquierda tradicional’, empeñada en retornar sin más a 2007, esto es, en buscar una salida social a la crisis en lugar de procurar una salida global al capitalismo en la era del colapso.

El 15-M tiene unas aspiraciones locales fuertes (frenar desahucios, desempleo...) y a la vez pretende recoger muchos discursos anticapitalistas que no ha podido articular de manera eficiente. En una futura evolución del movimiento, y viendo como están las cosas, ¿crees que lo cercano se impondrá cada vez más a las ideologías más transversales?

El 15-M es, en efecto, un movimiento muy apegado a lo más próximo, y en ese sentido no puede sorprender que exhiba carencias en lo que respecta a lo que parece menos inmediato: la lucha feminista, la conciencia de lo que significa la crisis ecológica, la solidaridad con muchos de los habitantes de los países del Sur, la propia superación del orden característico del capitalismo. No se trata, a mi entender, de que las gentes del movimiento no sean concientes de estos retos: lo que ocurre, más bien, es que la inercia de los problemas más inmediatos suele dejar en lugar a menudo secundario aquellos que no parecen serlo tanto. Aun así, me parece que el 15-M le está imprimiendo un aire nuevo a proyectos que combinan inteligentemente lo más cercano y lo aparentemente más alejado: me refiero a la configuración de espacios autónomos en los cuales procedamos a aplicar, desde la perspectiva de la autogestión y de la desmercantilización, reglas del juego distintas de las que se nos imponen. Ahí están, por citar un ejemplo, y para testimoniarlo, las cooperativas integrales.
 
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