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último apunte de diario De Iraq a Rota
   
 
17/03/2007 | Carlos Taibo | Estado español/política exterior - |
El Correo (17 de marzo de 2007)
 
Las manifestaciones del 17 de marzo en contra de la ocupación norteamericana de Iraq han configurado un respetabilísimo ejercicio de contestación de uno de los elementos más tétricos de cuantos configuran las relaciones internacionales del momento. No me gustaría ocultar, sin embargo, que la inmersión del Partido Socialista en esas iniciativas ha aportado también, por desgracia, una retrato cabal del doble juego al que se ha entregado, en lo que hace a su relación con Estados Unidos, el gobierno español de estas horas.
Y es que, si nada mayor hay que oponer a lo que Partido Socialista y gobierno dicen en relación con lo que sucede en Iraq, su posición al respecto se ve marcada por silencios muy llamativos que anuncian el doble juego mencionado. El primero de ellos remite a lo que ocurre en dos escenarios muy próximos, en la geografía y en tantos otros órdenes, a Iraq: los que configuran Afganistán y el Líbano. El designio de ocuparse en exclusiva de Iraq anuncia el propósito paralelo de sortear cualquier discusión seria sobre esos otros dos escenarios, en los que -sabido es- se hallan desplegados contingentes militares españoles.
De resultas, y por lo pronto, se esquiva que en Afganistán esos soldados están en los hechos al servicio de una intervención que responde a los intereses geoestratégicos y geoeconómicos más abruptos de Estados Unidos. En la trastienda se olvida, también, que las agresiones norteamericanas en Afganistán y en Iraq son muy similares por todos los conceptos. Al margen de que el designio de apoderarse de zonas estratégicamente vitales se manifiesta en ambas, y que otro tanto ocurre con el de garantizar el control de importantes yacimientos y conductos de materias primas energéticas, en los dos escenarios han cobrado cuerpo dramáticas violaciones de derechos básicos, se ha respaldado a gobiernos títere cuyo compromiso con estos últimos se antoja liviano y, en fin, se han pisoteado el espíritu y la letra de la Carta de Naciones Unidas. No es más halagüeño -lo pinten como lo pinten- el panorama libanés. Uno tiene derecho a preguntarse cuándo Naciones Unidas y la OTAN alentarán el despliegue de sus soldados para exigir que Israel cumpla las resoluciones del Consejo de Seguridad que reclaman su retirada de Gaza y de Cisjordania, como tiene derecho a disentir de que se reconstruya sin queja alguna lo que Israel destruyó en el verano luego de haber provocado más de un millar de muertos. ¿Qué tipo de estimulante legalidad internacional es éste?
Reseñemos, por otra parte, que aunque no puede negarse que el Partido Socialista y el gobierno español sienten preocupación por lo que sucede en Palestina y en Irán, su vocación de estos días es, de nuevo, concentrar toda la atención en Iraq. Ello es razonablemente cómodo, por cuanto permite sortear cuestiones espinosas como las que se refieren al papel que la OTAN desempeña en todo este embrollo, a la política connivente con Estados Unidos que en los hechos acaricia la Unión Europea -para qué hablar, por cierto, del triste papel del gobierno en relación con los vuelos de la
CIA- o a una trama económica -la dictada por instancias como el Fondo Monetario, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio- que está en la trastienda de tantas conductas desbocadas y que, al parecer, no merece objeción alguna del lado de nuestros gobernantes.
Pero, si uno podría hacer la vista gorda ante tantos desafueros, resulta difícil asumir tan ligera conducta delante del último: una lectura rápida del discurso que mana del Partido Socialista y que nos convoca a salir a la calle para protestar por la ocupación estadounidense de Iraq invitaría a concluir que nuestro gobierno se halla firmemente decidido a impedir que Estados Unidos se salga con la suya en su designio de sacar adelante una genuina, radical y global rapiña. Nada más lejos, claro, de la realidad. Nunca se subrayará lo suficiente que España sigue siendo un cabal aliado de Estados Unidos. Así lo testimonian las bases de utilización conjunta, los convenios de defensa hispanonorteamericanos y la callada aceptación de las reglas que postula la Alianza Atlántica. Quiere uno creer que hay alguna contradicción entre el respetable designio de contestar la oprobiosa política abrazada por Washington en Iraq y el propósito de ocultar, cuantas veces sea preciso, que España sigue siendo un baluarte importante para que Washington siga atemorizando a medio mundo.



 
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