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último apunte de diario La imagen de los empresarios
   
 
17/08/2012 | Carlos Taibo | Crisis - Sindicalismo |
www.carlostaibo.com (17 de agosto de 2012)
 
En el foro que siguió al comentario que colgué ayer --sobre Juan Roig, el propietario de Mercadona-- en facebook intervino una persona que identificaré como IMV (aunque da cuenta de su nombre, veo que se inclina por no proporcionar información sobre quién es o qué hace). El texto de IMV dice así: "Redistribuir la riqueza???? Pero q barbaridades se dicen! Este señor creo mercadona y gracias a eso gente con o sin estudios ha tenido trabajo, pero q barbaridad siempre en contra del empresario q es el q arriesga, claro q hay empresarios estafadores y explotadores pero también hay trabajadores que estafan ya esta bien de cargar siempre contra el empresario! Monta tu una empresa!!!!!!".

IMV califica, pues, de barbaridad mi sugerencia de que hay que redistribuir la riqueza y señala que al cabo quien la redistribuye no es otro que el propietario de Mercadona. Alguna razón no le falta: la redistribuye, ciertamente, pero en su descarado provecho y beneficio. Las noticias al respecto se han acumulado los últimos días. Reproduzco, y es un ejemplo entre muchos, lo que anotaba días atrás, aquí mismo, Francesc Viana: "Mercadona, lo mismo que todas las grandes distribuidoras de alimentos, lo va copando todo y va dejando tras de sí un erial. Soy de un pueblo a unos 24 km de Valencia. Según señalan los de Asaja, Mercadona compra la mandarina en el campo a 0,45 euros y la vende a 1,69 el kilo; la naranja la compra a 0,16 y la vende a 0,59, y lo mismo con cualquier producto hortícola; márgenes de un 300% o más... Además, en el caso de Mercadona son cítricos que no están manufacturados: van prácticamente del campo a los supermercados, no pasan por lavado, clasificacion de tamaños, encerado y empaquetado (...). Los agricultores están hablando mucho de la finca de miles de hectáreas para cítricos y hortalizas que Juan Roig ha comprado en Senegal, del gran número de contenedores de material y mangueras para los goteos y plantones que se cargan en el puerto de Valencia con ese destino". Todo apunta, pues, a que nos hallamos ante un modélico y filantrópico empresario que, como Amancio Ortega, no muestra otro empeño que el de ayudar a los demás. Otro día hablaré, por cierto, de los problemas, cada vez agudos, que en materia de soberanía alimentaria atenazan a los países del Sur.

Olvidaré, aun así, esa discusión e iré a por otra acaso más interesante. IMV agrega que entre nosotros todo el mundo está contra el empresario que se arriesga. Aunque esquiva, claro, que hay quien no puede arriesgarse porque nada tiene --a diferencia de Juan Roig, que al parecer heredó ocho supermercados--, lo que realmente me interesa es esta disputa relativa a la imagen pública de los empresarios. Hace unos años, y desde su púlpito, Federico Jiménez Losantos afirmó, muy a tono con mi interpelante, que en España todo el mundo habla mal de aquéllos. Ni sabía entonces ni sé ahora a qué se refería. Es muy probable que en las conversaciones que se mantienen en calles y bares tenga razón el telepredicador: ¿por qué será que lo común es que se hable mal de los empresarios? Pero no puede decirse lo mismo de 'nuestros' medios de incomunicación: en ellos parece estar vetada cualquier suerte de crítica de los empresarios, por liviana que sea. Como lo está, claro, en el discurso de los dos grandes partidos. Incluso Izquierda Unida, vaya por dónde, lanza guiños de vez en cuando a la pequeña y mediana empresa... Todo esto sucede, por añadidura, en un país en el que hace unos meses, y por vez primera desde que disponemos de estos datos, las rentas del capital han excedido al volumen de los salarios. Un país en el que para el discurso biempensante que se nos impone por doquier la lucha de clases es un mal sueño del pasado (o lo es en lo que se refiere a quienes no la ejercen como empresarios...).

Sugiere IMV, para terminar, que yo, que soy tan listo, ponga una empresa. Le responderé que no es lo mío: no quiero ni explotar ni ser explotado. Creo, sin más, en la autogestión y al respecto me permito recordar algo que repetían incansables nuestros abuelos, o al menos nuestros abuelos los de abajo: el mundo puede funcionar sin patrones --o sin patronos, que nunca me aclaro en esa disyuntiva--, pero no sin trabajadores. Esos abuelos a los que me refiero hablaban entonces, bien es cierto, de expropiación, y no de redistribución...
 
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