galego-português imprimir cerrar
Artículos
 
 
 
último apunte de diario Hoy mejor que antes de ayer
   
 
27/05/2011 | Carlos Taibo | Crisis - Estado español/España |
Diagonal (nº151, 27 de mayo de 2011)
 
El movimiento 15-M --hablo en exclusiva de mi experiencia madrileña-- ha tenido un eco inesperado por varias razones: la habilidad de sus organizadores, su designio de huir de las siglas, el descontento general, el caos que Bolonia ha ahondado en las universidades, la oportunidad que ofrecían unas tristes elecciones, el eco de la revuelta árabe --junto con lo acaecido en Grecia, Portugal e Islandia--, y, en suma, el trabajo de años de los movimientos sociales críticos. Agrego algo obvio: el hecho de que en su estadio inicial la iniciativa que cobró cuerpo el 15 de mayo hubiese superado todas las expectativas atrajo hacia él inmediatamente a muchas gentes.
1. Lo que salió de las manifestaciones del 15 de mayo fue, por lo demás, una rareza: en las filas del movimiento naciente, y al menos en el primer momento, los adultos faltaban, como faltaban también, por cierto, los adolescentes. Generacionalmente constreñido, con escasa presencia obrera y más bien interclasista, carecía de forma orgullosa de líderes, algo que no dejó de poner de los nervios a unos medios de incomunicación de siempre obsesionados con ponerle cara a las cosas.
2. Sobre un cimiento sólido –el de la indignación--, el movimiento tenía dos almas. Si la primera la aportaban activistas de los movimientos sociales críticos, que contestan activamente el capitalismo y bien podemos describir, por su vocación asamblearia, como libertarios, en la segunda se han instalado jóvenes que, infinitamente cabreados y un punto ingenuos y meritocráticos, postulan una reforma más o menos radical del sistema y muestran un franco interés por las elecciones y sus tramas.
Siendo cierto que esas dos almas no han dejado de vivificarse mutuamente, lo suyo es señalar que aunque en el momento inicial la hegemonía correspondió a la primera, con el paso de los días se hizo valer un peso creciente de la segunda, acaso facilitado por la presión que ejercieron las autoridades políticas, judiciales y policiales. Las cosas como fueren, y aunque el escenario no era paradisíaco, seguía siendo claramente preferible a la miseria que hemos palpado durante decenios. Bastaba con echar una ojeada a cualquiera de las asambleas de la Puerta del Sol para percatarse de que nos adentrábamos en un mundo nuevo.
3. Si alguien se pregunta por qué el movimiento ha provocado tanto temor, responderé que, aunque al respecto hayan podido influir el crecimiento inesperado de las protestas y la huella emocional derivada de la revuelta árabe, lo realmente importante era otra cosa: conectaba de manera espontánea con muchas de las percepciones populares sobre la crisis y su resolución, algo poco común –admitámoslo-- en las iniciativas de nuestros movimientos sociales.
4. Olvidemos ahora la reacción de la caverna. Una simple ojeada a las portadas de La Gaceta, La Razón, ABC y El Mundo ilustra a la perfección lo que tenemos entre manos. Me interesa prestar atención a algo más delicado por menos evidente, que retrataré de la mano de una glosa de lo que han escrito los todólogos de El País y Público. Luego de haber defendido de siempre la infamia de las políticas del PSOE, a cuyo redil volverán rápidamente, los primeros, los de El País, han mostrado su franca simpatía por esos jóvenes marginados. Por detrás no se barrunta, claro, ninguna reflexión seria sobre la explotación, el capitalismo, la represión o la condición del medio en el que escriben. Lo de los todólogos de Público, aunque algo tiene que ver con lo anterior, discurre por otro canal: tras mostrar, de nuevo, su simpatía por los indignados, les invitan a mostrarse ecuánimes y moderados, subrayan el vigor de los deberes cívicos y muestran un atávico terror --nunca han pisado, claro, un movimiento
social-- ante espontaneidades, radicalidades y menciones agrias de la miseria que esparcen nuestros sindicatos mayoritarios.
En realidad hay un elemento participante más: el que congrega a la socialdemocracia ilustrada que, afín a los sindicatos mencionados, tras quedar en fuera de juego el 15 de mayo ha recuperado el terreno perdido y se atribuye ahora un audaz protagonismo. No tiene problemas, eso sí, para ubicarse: si los libertarios están demasiado lejos, los jóvenes indignados, aunque un tanto naïfs, configuran un auditorio interesante.
5. ¿Qué sabemos del futuro? Nada. Aunque los escépticos predominan, bueno será que subrayemos que el 14 de mayo no daban un duro por las movilizaciones que se anunciaban. Que lo vamos a tener difícil a la hora de ampliar la movilización y pasar a los hechos es evidente. Casi tanto como que se abre un escenario nuevo, claramente mejor que el de antes de ayer.
 
subir