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último apunte de diario Entrevista sobre "Libertari@s" (Del Lince, Barcelona, 2010)
   
 
05/02/2011 | R.H.L. | - |
CNT (febrero de 2011)
 
Entrevista con Carlos Taibo sobre Libertari@s. Antología de anarquistas y afines para uso de las generaciones jóvenes (Los Libros del Lince, Barcelona, 2010).

R.L.M. (Facultad de Ciencias de la Información, UCM)

Pregunta.- ¿Que has intentado hacer con Libertari@s?
Carlos Taibo.- El objetivo del libro no es explicar qué es el anarquismo o situar en su momento histórico lo que significaron los pensadores libertarios. Lo que he intentado, sin más, ha sido recoger un puñado de textos de estos últimos que algo nos dicen sobre nuestras tareas en un momento crítico como el presente.

P.- Veo que en la antología no sólo hay pensadores anarquistas.
C. T.- Es verdad. Debo subrayar que la elección del término "libertarios" para describir a esos pensadores no es azarosa. He preferido rehuir el adjetivo "anarquistas", mucho más ideológico, en provecho de una selección de textos de autores que beben de una vena general antiautoritaria. Así, en la antología se incluyen opiniones de pensadores casi contemporáneos que, como Castoriadis o Ivan Illich, no eran estrictamente anarquistas. También se recogen reflexiones de marxistas heterodoxos como Rosa Luxemburg o Pannekoek.

P.- Me sorprende que sean pocos los textos de Bakunin recogidos en el libro.
C. T.- Admito que la mía ha sido una elección discutible, pero creo que buena parte del pensamiento filosofante de Bakunin tiene hoy un atractivo menor. Frente a ello, las obras de Kropotkin y de Malatesta, mucho más pedagógicas y a ras de suelo, me parecen más atractivas y actuales.

P.- ¿Crees en serio que el anarquismo sigue teniendo sentido en un mundo como el de hoy?
C. T.- No tengo ninguna duda al respecto. Frente al desmoronamiento, evidente, de los dogmas de la socialdemocracia y del socialismo de cuartel, hoy más que nunca es urgente reivindicar la democracia directa, la autogestión o el apoyo mutuo. Esto aparte, aunque las organizaciones formalmente libertarias son ahora más débiles de lo que lo fueron un siglo atrás, la influencia de las ideas correspondientes es fácil de rastrear en movimientos como el feminista, el ecologista y el pacifista, o en redes como las que contestan la globalización capitalista y las presuntas virtudes del crecimiento económico. El anarcosindicalismo, en fin, en modo alguno está muerto entre nosotros, como a algunos, y entre ellos los historiadores oficiales, les gustaría.
De manera general, allí donde hay alguien que, vivencialmente, reacciona ante la miseria del orden existente, y lo hace preocupado por no reproducir las reglas de la jerarquía, de la explotación y de la división del trabajo, hay --creo-- un libertario. La conciencia en lo que respecta a los efectos nefastos de la burocratización y de la profesionalización de la política es una de las exigencias del momento actual.

P.- ¿Se puede afirmar que muchos de los temas aparentemente nuevos que hoy nos atraen fueron tratados de forma anticipada por los clásicos del pensamiento anarquista?
C. T.- En términos generales creo que sí. La crisis ecológica, la doble marginación padecida de siempre por las mujeres, la defensa de sociedades menos complejas y más descentralizadas, el elogio de la comuna rural, el rechazo frontal de los ejércitos, la contestación de un modo de vida esclavo vinculado estrechamente con la producción y el consumo o, en fin, el recelo ante las presuntas dimensiones liberadoras de las tecnologías están presentes en muchos de los escritos de esos pensadores. Ello no quiere decir, claro, que todos éstos estuviesen, siempre, a la altura de las circunstancias. También hay, reconozcámoslo, un anarquismo productivista adorador de las tecnologías.
Me interesa, de todas formas, subrayar que muchas de las iniciativas de movilización, aparentemente nuevas, que han abrazado nuestros movimientos sociales fueron experimentadas por nuestros abuelos libertarios ochenta años atrás.

P.- En una entrevista que concediste hace poco a Público te preguntaron por la identificación, tan común, entre anarquismo y violencia.
C. T.- No me reconozco en ninguna de las respuestas que me atribuye Público en esa entrevista. Cuando me referí a esa identificación por la que me preguntas señalé que en realidad no es del pasado. Basta con echar una ojeada a cómo los medios de incomunicación del sistema han hablado de la CNT o de la CGT al calor de la reciente huelga general. En todos los casos los anarcosindicalistas eran vinculados con las palabras "piquetes" y "violencia". Esa dramática distorsión de la realidad suele verse acompañada de una firme censura en lo que respecta a la enunciación de críticas, desde la izquierda, contra la miseria que suponen los sindicatos mayoritarios.
Si la reflexión tiene que volver la mirada hacia el pasado, me limitaré a decir que es poco afortunado juzgar lo ocurrido hace ochenta años sobre la base de los valores que --nos dicen-- son hoy los nuestros. Y aún más grave resulta hacerlo cuando se ignora la represión salvaje que anarquistas y anarcosindicalistas --no sólo ellos, claro-- padecieron entonces.

P.- ¿Crees que los jóvenes están llamados a sentirse de nuevo atraídos por el pensamiento libertario?
C. T.- En las manifestaciones que el 29-S organizaron en Madrid la CNT y la CGT había una clara mayoría de jóvenes, que sin embargo faltaban en la convocada por los sindicatos mayoritarios. Me limitaré a señalar que la idea, muy extendida, de que los jóvenes viven felices en el mejor de los mundos posibles es una lamentable e interesada superstición. Es lógico que reaccionen ante las secuelas del endurecimiento planetario en las condiciones del trabajado asalariado, plasmado en sueldos cada vez más bajos, jornadas laborales cada vez más prolongadas, derechos sociales en retroceso y precariedad por todas partes. Y es importante que su reacción supere la simple demanda de reconstrucción de los Estados del bienestar y empiece a iluminar un mundo diferente fuera del capitalismo.
 
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