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último apunte de diario Un periodista alemán
   
 
18/02/2011 | Carlos Taibo | Euskal-herria - Estado español/cuestión nacional |
www.carlostaibo.com (18 de febrero de 2011)
 
Imaginemos la condición de un periodista extranjero --un alemán, pongamos por caso-- que sigue con atención lo que ocurre entre nosotros. Por fuerza nuestro hombre sabrá que desde hace unos años los dos principales partidos españoles, el Socialista y el Popular, han planteado exigencias onerosas para que lo que hemos dado en llamar izquierda abertzale disfrute de los beneficios de la legalidad. El periodista en cuestión habrá tenido la oportunidad de comprobar cómo en los últimas días esa izquierda abertzale, a través de una nueva formación llamada Sortu, ha acatado al fin --no caben mayores dudas al respecto-- las reglas del juego que se le imponían.
Nuestro amigo periodista tiene motivos, sin embargo, para sentirse sorprendido. En un momento en el que lo lógico sería que los ganadores de ese pulso estuviesen exultantes, lo que se aprecia por casi todas partes es lo contrario: un mohín de disgusto acompañado de una cerril desconfianza. Nada mejor para palpar el uno y la otra que lo que dice la abrumadora mayoría de los tertulianos al uso, pundonorosamente entregados a una tarea en la que han demostrado habilidad singular: la de reclamar que se deje tranquilos a los jueces cuando se intuye que lo que éstos van a decidir es lo que nos interesa, y la de presionar activamente sobre ellos para que se cuiden de equivocarse en su fallo. Esto es así por mucho que salte a la vista algo: las mismas personas --tertulianos como políticos-- que repiten incansables que nada relevante está ocurriendo a buen seguro que enuncian a menudo ideas diferentes cuando los micrófonos no están delante.
Parece que sobran, sin embargo, los argumentos para concluir que el camino iniciado no tiene, por fortuna, vuelta atrás. El primero de esos argumentos nos dice que aunque, por lógica, Sortu tiene mucho interés en contender en las elecciones municipales de mayo, la posibilidad, cierta, de que la legalización se postergue en modo alguno acarreará consecuencias decisivas. Si el otro día uno de nuestros tertulianos se preguntaba para qué tanta prisa, bueno será que nos interroguemos por las eventuales ventajas de la parsimonia que tantos reclaman. No somos pocos los que pensamos que, al calor de la tregua de ETA que cobró cuerpo hace un lustro, el Gobierno español, sin duda muy presionado por la derecha política y mediática, prefirió no dar ningún paso significativo que, de haberse verificado, acaso hubiera conducido a una realidad distinta. Aunque --repitámoslo-- las circunstancias hoy son afortunadamente diferentes, hacer los deberes pronto es, siempre, un buen consejo.
Un segundo dato importante nos recuerda que una eventual legalización de Sortu emplazaría inequívocamente a esta fuerza política a asumir, sin atajos, sus responsabilidades. Dejemos claro lo que ello significaría: si ETA --Dios no lo quiera-- volviese a atentar, el repudio franco desde Sortu tendría que ser inmediato porque, de lo contrario, y con las leyes vigentes en la mano, la formación política que nos ocupa volvería inmediatamente a la ilegalidad. La certificación de que esto sería así parece garantía razonable de que quienes han decidido promover el nuevo partido saben perfectamente lo que hacen y acatan las reglas del juego imperantes. En un sentido próximo no está de más recordar que, aunque los pasos dados por la izquierda abertzale mucho le deben al innegable éxito de la política represiva desarrollada por los sucesivos gobiernos españoles, los cambios que nos atraen responden, también, a una demanda clara que se ha hecho valer con vigor, desde mucho tiempo atrás, entre cuadros y militantes de base de ese mundo.
Agreguemos que, como era inevitable, nunca llueve a gusto de todos. Por volver a nuestros tertulianos, bueno será que recoja algunas de las opiniones que han formulado los últimos días. Han recordado, así, que la izquierda abertzale no ha condenado la violencia ejercida desde sus filas en el pasado, que prosigue en el empeño de homologar impresentablemente unas y otras violencias, que quienes promueven el nuevo partido son los mismos de siempre o, en fin, que ETA al cabo no se ha disuelto. No es mi intención negar el relieve de discusiones como las invocadas. Me contentaré con señalar al respecto, aun con todo, que, en la tarea de dar lecciones sobre el rigor de la condena de la violencia, las fuerzas políticas españolas que sellaron en 1978 un pacto de silencio sobre el franquismo no andan sobradas de credibilidad. En un sentido paralelo, no sé con quién habría que vérselas sino, inevitablemente, con la izquierda abertzale; cualquier horizonte distinto sería, en estas horas, indeseable. Tampoco está de más que señale, en suma, que en virtud de un elemental sentido de la oportunidad conviene dar algo de aire a un contrincante que --no lo olvidemos-- ha tenido que superar muchos obstáculos internos para alcanzar el lugar en que se halla ahora. Pero más allá de todo esto, lo realmente importante es, a mi entender, que ninguno de los elementos de polémica mencionados anula el sentido fundamental de la apuesta que la izquierda abertzale ha decidido asumir en estas horas.
Quiero recordar, para terminar, que son muchos los que, a lo largo de los años, han subrayado que entre nosotros todas las ideas pueden defenderse siempre y cuando antes se hayan abandonado violencias e imposiciones. Hagamos votos por que ése sea el escenario que cobre cuerpo en los años venideros --no sólo para defender ideas: también para llevarlas a la práctica-- y demandemos de todos que estén a la altura de las circunstancias. Hagámoslo en primer lugar con la izquierda abertzale, que al fin parece haberse percatado de que su sueño de un País Vasco que ejercita libremente el derecho de autodeterminación es más hacedero de la mano de la confrontación pacífica de ideas que al amparo de una colisión violenta en la que, luego de sufrimientos ingentes causados a personas que no los merecían, el contrincante ha demostrado ser mucho más fuerte y mucho más hábil.

 
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