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último apunte de diario De comunicados y unanimidades
   
 
19/09/2010 | Carlos Taibo | Estado español/cuestión nacional - Medios de comunicación |
El Correo (19 de septiembre de 2010)
 
Una de las explicaciones de por qué la vida política entre nosotros resulta cada vez más tediosa es la manifiesta previsibilidad de pronunciamientos y conductas. El ejemplo más reciente de esto último lo aportan las reacciones que ha suscitado la declaración de alto el fuego realizada por ETA. Desde populares y socialistas hasta la izquierda abertzale, todo se antoja tan obscenamente predecible que uno podía quitarle el sonido a la televisión para imaginar, sin margen de error, qué era lo que estaba diciendo el responsable político de turno. No quiero olvidar, eso sí, que el fenómeno que menciono se despliega conforme a claves similares en el mundo de esos líderes de opinión en los que se han convertido los todólogos que inundan las tertulias. Algo cambiaría la cosa, tal vez, si en lugar de esta impresentable supremacía de políticos y periodistas buscásemos pareceres en otros ámbitos...
La previsibilidad de las tomas de posición, y vuelvo ahora a lo del comunicado de ETA, se concreta entre las fuerzas presentes en el parlamento español en una rara unanimidad --sólo rota, bien que parcialmente, por Esquerra Republicana de
Catalunya-- en lo que hace al rechazo de aquél por insuficiente. Pareciera como si estuviese dictada una regla en virtud de la cual, y en un mundo lastrado por férreas disciplinas partidarias, quien prefiera ver las cosas desde una perspectiva distinta --y asuma, por ejemplo, que el escenario que se deriva del comunicado es preferible al anterior o, más aún, que hay que abrir puertas a la esperanza-- se expone a una inmediata crucifixión. Bien que lo puede confirmar, por cierto, Jesús Eguiguren, objeto de un castigo que se revela en las propias páginas de información de los periódicos, inundadas en estos días de sorprendentes arrebatos valorativos. Claro es que, para que nadie se salga del guión, ahí está también la izquierda abertzale, manifiestamente remisa, en este caso, a reconocer que el comunicado de ETA no era lo que acariciaba. Al fin y al cabo --dirán sus portavoces--, si el grueso de las fuerzas políticas españolas ha señalado de manera recalcitrante que la declaración etarra es insuficiente, ¿por qué habríamos nosotros de decir otro tanto?
Lo que al final se impone es, en una clave importante, el temor a separarse, siquiera sea un ápice, del guión preestablecido y, en su caso, el recelo a mostrar dudas que puedan ser malinterpretadas. No es en modo alguno ajena a todo esto una estrategia maestra que el PP despliega desde mucho tiempo atrás y que aconseja, del lado de sus rivales, cancelar cualquier mensaje disonante, no vaya a ser que los populares saquen de la tesitura el correspondiente rendimiento electoral. Dicho sea de paso, el éxito indisputable de esa estrategia se asienta en la presunción de que el rigor y la perseverancia en el rechazo de todo lo que viene del mundo de ETA y de sus inmensos entornos son objeto de un unánime aprecio de la ciudadanía.
Que las cosas tienen muchas aristas que se nos escapan lo demuestra de forma fehaciente, con todo, el hecho, fácilmente comprobable, de que las mismas personas que se ajustan estricta y ardorosamente al guión en sus declaraciones públicas suelen recurrir con frecuencia al matiz, o confiesan ver las cosas de forma distinta, cuando les toca pronunciarse lejos de los micrófonos. A buen seguro que entre los dirigentes socialistas y populares no han faltado en estos días los comentarios que, en privado, señalan que el comunicado de ETA no deja de ser una buena noticia, siquiera sólo sea porque alivia, bien que parcialmente, el sufrimiento de muchos y porque, en paralelo, abre algún horizonte de esperanza.
Que el grueso de la izquierda abertzale sigue inmerso en un quiero y no puedo decepcionante es una evidencia. También lo es, sin embargo, que entre quienes, del otro lado del río, dirigen instituciones y aparatos mediáticos poco más hay que gentes que, el día en que ETA entre efectivamente en vía de disolución --ni afirmo ni niego que haya llegado ya--, preferirán aferrarse a sus convicciones de siempre y mirar hacia otro lado. Así las cosas, bueno será asumir que, para salir adelante, todos, tirios y troyanos, tienen sus deberes y sus responsabilidades, de tal suerte que sobran, en particular, quienes piensan que han hecho ya lo suficiente y que son los otros, siempre los otros, los que deben mover pieza. Apuntalar la posición de quienes, en cada una de las trincheras, están por la tarea de tender puentes parece, entre tanto, una conducta tan respetable como inteligente.

 
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