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último apunte de diario El tamaño de los candidatos
   
 
15/05/2009 | Carlos Taibo | Ampliación de la UE - Unión Europea |
Público (15 de mayo de 2009)
 
Sabido es que varios son los países que siguen llamando a la puerta de la Unión Europea con el propósito de convertirse en miembros de esta. Es el caso de los estados situados en los Balcanes occidentales, como lo es de Ucrania, Georgia y Moldavia. A la lista debe añadirse el nombre de un eterno candidato, Turquía, y el de algunos de los países del norte de África, con Marruecos en posición de cabeza.
Sobran los motivos para afirmar que la perspectiva de nuevas ampliaciones no tiene hoy, con todo, la fuerza de la que disfrutó en el pasado. Ello es así por dos razones. La primera la configura la delicada situación de la Unión Europea, víctima por igual de sus problemas internos y de la crisis general que atenaza al planeta; la UE no está, en otras palabras, para viajes de altos vuelos. La segunda nos recuerda que, tal vez por lo anterior, los candidatos se muestran ahora menos entusiasmados que quienes les precedieron en la tarea; basta con echar una ojeada al deterioro de tantos procesos en Hungría o en Bulgaria para percatarse de que la incorporación a la Unión no es ninguna bicoca que resuelva mágicamente los problemas. Así las cosas, y en lo que a atracción mediática se refiere, sólo la discusión relativa a la candidatura de Turquía permanece viva. Interesa rescatarla por cuanto permite aislar un elemento de disputa que, tan obvio como importante, suele esquivarse, sin embargo, en los análisis. Se ha señalado ad náuseam que Turquía arrastra varios problemas que dificultan una incorporación plena a la UE. Se ha hablado, así, del ascendiente que el islam ejerce sobre su cultura política, de la marginación que padecen las mujeres, del peso del nunca plenamente resuelto contencioso de Chipre o, en fin, y cómo no, del agujero negro que en términos de derechos humanos supone lo que ocurre en el Kurdistán.
Uno tiene por momentos la impresión de que semejante acumulación de argumentos responde a menudo, sin embargo, al designio de ocultar lo principal: Turquía es un país demasiado grande, demasiado poblado y demasiado pobre, de tal suerte que su incorporación a la UE resultaría muy onerosa para esta aun en el caso de que no se hicieran valer las circunstancias antes mencionadas. Porque, y dejemos las cosas claras, si la UE no ha sido nunca una agencia filantrópica, menos lo es ahora, en una tesitura muy complicada. Por echar mano de un ejemplo próximo en el tiempo que algo nos dice de estas disputas, lo suyo es recordar que, en lo que atañe a los 12 Estados inmersos en las dos ampliaciones -la de 2004 y la de 2007– que acaban de verificarse, una de las candidaturas que planteó menos problemas fue la de Eslovenia, con dos millones de habitantes, en tanto la que mayores acarreó fue la de Polonia, con 38 millones.
Si nuestro diagnóstico es certero en su propósito de atribuir un relieve notabilísimo a las dimensiones de los candidatos, y a su eventual riqueza de partida, parece servida la conclusión de que quienes esperan a la puerta de la UE en los Balcanes occidentales, a los efectos un puñado de pequeños países, están, por una vez, de enhorabuena.

 
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