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último apunte de diario Rusia maniatada
   
 
15/09/2008 | Carlos Taibo | Rusia - Petróleo |
El Correo (15 de septiembre de 2008)
 
En las últimas semanas se ha subrayado con frecuencia, y con criterio irreprochable, que la Unión Europea arrastra una visible dependencia energética con respecto a Rusia. De resultas -se nos ha repetido con la misma insistencia-, es más bien escaso su margen de maniobra en relación con lo que acaba de suceder en el Cáucaso occidental o con lo que podría ocurrir en otros escenarios en los que Rusia está directamente implicada. Si nada mayor hay que oponer al argumento general, conviene prestar atención, en cambio, a una de sus secuelas que suele pasar inadvertida. Me refiero a una descripción de lo que Rusia es, que parte de la certeza de que el Kremlin no está sujeto, en cambio, a restricción alguna y puede mover sus peones con plena libertad. Semejante conclusión parece manifiestamente equivocada, siquiera sólo sea porque ignora tres hechos de relieve singular que afectan al delicado panorama energético que se hace valer en el planeta contemporáneo.
El primero de esos hechos remite a un llamativo olvido: el régimen de compraventa de gas natural y de petróleo establecido entre la UE y Rusia genera también dependencias del lado de esta última. Digámoslo de otra manera: Moscú no puede prescindir en modo alguno de las divisas fuertes que obtiene merced a la venta de sus materias primas energéticas. Y ello es así por cuanto salta a la vista que dejar de lado a la Unión Europea como comprador es una tarea irrealizable en el corto y en el medio plazo. En consecuencia, también a Rusia le interesa preservar ese negocio, como, por cierto, lo demuestran bien a las claras los acuerdos bilaterales alcanzados con países como Alemania e Italia.
Debe recordarse, en segundo término, que algunas circunstancias que rodean a la economía rusa generan problemas vinculados con la cuestión que tenemos entre manos. Estoy pensando, en particular, en cómo la bonanza económica que el país acoge desde 2000 se ha traducido en un crecimiento sensible en la demanda interna de materias primas energéticas. Así las cosas, en Moscú ha ganado terreno un incipiente debate que sopesa la posibilidad de reducir las exportaciones para de esta forma satisfacer las exigencias del mercado propio. Por detrás lo que despunta es la certificación de que los recursos energéticos a disposición del país -para consumo interno o para exportación- son limitados, de tal manera que hay que arbitrar políticas que permitan, si ello es posible, dejar a todos satisfechos.
La tercera cuestión importante tiene mucho que ver con la anterior. Bebe de la convicción, cada vez más arraigada, de que Rusia bien puede estar matando a su gallina de los huevos de oro: como quiera que el crecimiento reciente de la economía rusa se debe casi en exclusiva a la exportación de materias primas energéticas, y como quiera, en paralelo, que la producción de estas últimas -acabamos de sugerirlo- parece toparse con dificultades cada vez mayores, lo suyo sería que el país empezase a buscar seriamente otros horizontes y procurase, en particular, una menor dependencia con respecto a las exportaciones mencionadas. No vaya a ser que eso del gas natural y del petróleo sea pan para hoy y hambre para mañana.
Ya sé que hay quien aducirá, con criterio respetabilísimo, que no procede atribuir a los gobernantes rusos del momento una honda conciencia en lo que hace a la naturaleza de los tres problemas que hemos reseñado. Más razonable se antoja sugerir que, como nuestros dirigentes políticos, prefieren jugar en el corto plazo y cerrar los ojos ante los peligros que se avecinan. Para fortalecer este argumento, nada más lógico que subrayar que, al cabo, y con certeza, muchas de las decisiones importantes que se toman en Moscú las perfilan los inmorales oligarcas que encabezan las empresas del sector energético. Aun con ello, bueno será que recordemos que el margen de maniobra de Rusia no es tan amplio como el que, con visible ligereza, dan por descontado tantos analistas entre nosotros.
 
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