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último apunte de diario Palabras y sanciones
   
 
06/01/2009 | Carlos Taibo | Unión Europea - Palestina |
El Correo (6 de enero de 2009)
 
En los últimos días he escuchado en varias oportunidades las declaraciones que el ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, y el máximo responsable de la política exterior de la Unión Europea, Javier Solana, han realizado sobre lo que ocurre en Gaza. Habida cuenta de las situaciones extremas que se han hecho valer en eso ghetto de población palestina, confesaré que, al menos en el terreno de los plazos cortos, lo que demandaban Moratinos y Solana -un alto el fuego, la entrada urgente de ayuda humanitaria, la reapertura de las fronteras, la vuelta a la negociación- resultaba ser mínimamente razonable.
Ni siquiera me detendré hoy en demasía, a la hora de glosar los desafueros que abrazan nuestros responsables políticos, en la consideración de algunos de los lamentables lastres lingüísticos que arrastran. Parece llamativo, con todo, que sigan optando por esa cláusula que invita a reclamar conductas saludables a “las dos partes” enfrentadas, como si fueran homologables las capacidades criminales, y las responsabilidades, de la maquinaria militar israelí y las de los lanzadores de cohetes palestinos; una simple ojeada a las cifras de muertos arroja suficiente luz sobre la falta de idoneidad de la fórmula verbal empleada. Tampoco está de más que recuerde, por enésima vez, que las etiquetas de “fundamentalismo” y “terrorismo” aplicadas a Hamás dejan demasiadas cosas en el olvido. Esquivan, sin ir más lejos, que el apoyo mayoritario que los habitantes de Gaza -y el de buena parte de los de Cisjordania- dispensaron en las urnas a Hamás obedece al firme, y lógico, propósito de repudiar unos acuerdos de paz que, en el mejor de los casos, prefiguraban un Estado palestino claramente supeditado a la lógica colonial de Israel y manifiestamente inviable.
Y es que en estas horas lo que se impone es una consideración que a mi entender tiene mucho mayor relieve: cuando la Unión Europea -y con ella todos y cada uno de los gobiernos de los Estados miembros- habla con Israel falta llamativamente cualquier guiño que implique, siquiera de lejos, el despliegue de alguna suerte de amenaza que ponga en peligro los manifiestos apoyos que, en el terreno de la política, de la economía y de los flujos militares, Bruselas dispensa a Israel. De resultas, y en los momentos más críticos, este último puede sentirse siempre seguro y rechazar orgulloso cualquier sugerencia de cambio en sus políticas, con las secuelas que es fácil apreciar. Apoyado sin fisuras por Estados Unidos, y en el mejor de los casos objeto de livianos reproches verbales del lado de la Unión Europea, Israel sabe que su único problema, menor, afecta a una mala imagen creciente ante unas opiniones públicas, las occidentales, que -no nos engañemos- poco pintan.
Así las cosas, parece legítimo concluir que la Unión Europea es cómplice, siquiera sólo sea por omisión, de muchas de las políticas criminales que Israel abraza. Aunque, en realidad, expresados los hechos en esos términos, acarrean un poso de lamentable ingenuidad: Israel es en los hechos, tanto para la UE como para Estados Unidos, un aliado que ofrece notables ventajas. En su condición de gendarme regional, bien que se ha encargado, desde mucho tiempo atrás, de desactivar todas aquellas iniciativas que, en la región más sensible del planeta, reclamaban una contestación de los privilegios de los que gozan las potencias occidentales. Tal vez por eso Moratinos y Solana, que en estos días se han mostrado cargados de razón en lo que se refiere a lo que corresponde hacer, en el corto plazo, para desactivar una situación de tensión extrema, bien que se han cuidado de incorporar a sus palabras cualquier atisbo de amenaza creíble de sanción frente a un comportamiento, el israelí, que huele, una vez más, a genocidio.
 
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