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último apunte de diario El desempleo y las desigualdades pueden desatar protestas
   
 
08/11/2008 | Carlos Taibo | China - Globalización |
Público (8 de diciembre de 2008)
 
En las últimas semanas se ha hundido uno más de los mitos de la crisis en curso: el de que China permanecía indemne ante los efectos de aquélla. Era de cajón que los hechos tenían que desmentir, antes o después, semejante superstición en un escenario marcado por las poderosas inversiones de Pekín en Estados Unidos, el paralelo ascendiente de los recursos foráneos volcados en la economía china y la inevitabilidad de una general reducción de la demanda en todo el planeta.
Si de un tiempo a esta parte nos hemos acostumbrado a afirmar que asistimos a un notable acortamiento del tiempo que parecía corresponder a la hegemonía norteamericana, ahora nos vemos en la obligación de emplear un mismo corte de análisis en relación con China. Tenemos que hacerlo, por añadidura, precisamente en el momento en que tantos expertos reservaban a Pekín un papel cada vez más prominente como sustituto de unos alicaídos Estados Unidos.
Y es que los indicadores de crisis han empezado a dispararse con fuerza en China. El primero nos habla de una notable reducción del crecimiento, que aun con ello sigue presentando niveles muy por encima de los registrados en el mundo occidental; no parece, de cualquier modo, que los dirigentes chinos hayan tomado nota de las muchas miserias que han marcado, en materia medioambiental y de recursos, el desarrollo insostenible de EE.UU. y la Europa comunitaria. Un segundo indicador sugiere que las tensiones internas que China ha ido mal controlando bien pueden liberarse antes de lo esperado. Hablamos, claro, de las que oponen a la ciudad y al campo, a la costa y al interior o, en suma, a un sector estatal comúnmente decrépito con una semiprivada industria inmersa en plenitud en la vorágine de la globalización. Agreguemos que el sistema político, por muchas operaciones de cosmética que haya asumido, no se antoja singularmente preparado para encarar retos como los que, sin duda, se avecinan.
Aun con todo, hay un factor más que en estos días empieza a asomar la cabeza y que dibuja una estricta novedad: la llamativa aparición de una incipiente contestación social que puede romper muchos moldes. Hace unos meses cayó en mis manos un artículo que algo interesante decía al respecto. Su tesis inicial recogía una certificación insorteable: los pronósticos de Marx y Engels en lo que atañe al comportamiento del proletariado en la Europa occidental de la segunda mitad del siglo XIX demostraron ser visiblemente equivocados. No vaya a ser, sin embargo -proseguía el autor-, que siglo y medio después, mientras el proletariado ha ido desapareciendo en casi todo el planeta y se ha ido concentrando como un ejército formidable, en cambio, en las orillas chinas del océano Pacífico, en condiciones que recuerdan sospechosamente a las de la Europa del XIX --xplotación descarnada, negación de los más elementales derechos sociales, laborales y sindicales-, los trabajadores chinos den rienda suelta a muchos de los pronósticos de los autores del Manifiesto comunista. Vaya por delante que no afirmo taxativamente que tal cosa vaya a ocurrir: me limito a reseñar que, en un mundo de zozobras e incertidumbres, bueno será que mantengamos bien abiertos los ojos.
 
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