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último apunte de diario Don Simón para o bandullo
   
 
09/06/2005 | Carlos Taibo | Galicia - |
Diagonal (nº8, 9 de junio de 2005)
 
DON SIMÓN PARA O BANDULLO

Carlos Taibo

Galicia celebra el domingo 19 sus elecciones autoanémicas. A nadie se le esconde qué es lo que, por encima de todo, se dirime en esa consulta: la permanencia, en el gobierno, del PP de Manuel Fraga. Pese a la inyección, no despreciable, de fondos comunitarios, que ha tapado algo el desastre, el país vive inmerso en una vorágine en la que se dan cita el caciquismo más descarnado -eso que los bien pensantes prefieren llamar redes clientelares-, un despotismo parlamentario que carece de parangón, el estallido de frecuentes espasmos ultramontanos, la incompetencia y la inmoralidad a la hora de encarar genuinas desfeitas ambientales, la consolidación de inéditos niveles de desempleo y, por dejarlo ahí, la reaparición de una lacra que se creía del pasado, la emigración, en la carne de muchos jóvenes.
Si razones sobradas hay para desear que todo lo anterior acabe o, lo que es lo mismo, que Fraga se convierta en jefe de la oposición -habría que verlo-, con el riesgo paralelo de que el PP se divida, conviene preservar las cautelas con respecto a lo que aportan las dos principales fuerzas de oposición. Digamos por lo pronto que el Partido Socialista es una impostación urbana que, con escasa presencia en la Galicia real, depende en demasía de los vientos que soplan en Madrid. Aunque cualquier persona sensata convendrá en que cualquier cosa es preferible a Fraga, no parece que la oferta del PSdG-PSOE, una suerte de galleguismo descafeinado adobado de un discurso formalmente socialdemócrata, deba suscitar entusiasmo alguno entre quienes pujan por que las cosas cambien con claridad. Basta con prestarle oídos un par de minutos a Pérez Touriño para percatarse de que sus propuestas, planas donde las haya, a duras penas van a romper moldes. Y con recordar, de paso, que el PSOE gallego sigue contando entre sus filas a ese baluarte del nacionalismo español más montaraz que es el alcalde de A Coruña.
Lo del Bloque es harina de otro costal, siquiera sólo sea por dos razones: si la primera recuerda que, a diferencia del PSdG-PSOE, configura una fuerza política real, la segunda subraya que su militancia de base se sitúa inequívocamente en la izquierda. Esta última circunstancia nos emplaza ante el problema mayor que el BNG arrastra desde tiempo atrás: una esquizofrénica relación entre una búsqueda desesperada, y un tanto estéril, del voto de centro y un esfuerzo por preservar las señas de identidad propias. Aunque, encuestas en mano, el Bloque se halla lejos del hundimiento electoral que algunos auguraban, conviene preguntarse por su futuro, que en el mejor de los casos -el de una pérdida de la mayoría absoluta del PP- lo sería de fuerza llamada a asumir un papel subalterno con respecto al PSdG-PSOE. No está de más que agreguemos que, aunque el designio de deshacerse de Fraga y de los suyos es suficiente para que muchos abstencionistas de siempre acudan a las urnas el día 19, no parece que los guiños del BNG -ahí está su recalcitrante mensaje de excelsa moderación en lo que respecta al Estado de las autonomías o al derecho de autodeterminación- se muevan por ese lado. Anxo Quintana prefiere ahuyentar los miedos de esos electores de centro que, según se cree supersticiosamente, se cuentan por centenas de millares.
Si el Partido Popular pierde la mayoría absoluta el 19, lo suyo es que en muchos lugares de Galicia las gentes se rasquen el bolsillo para descorchar el mejor de los vinos. A partir del día siguiente, y como lo decían con sorna, días atrás, unos colegas vigueses, Don Simón para el cuerpo.




 
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