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último apunte de diario Los presos de Salónica
   
 
24/11/2003 | Carlos Taibo | - Unión Europea |
El Periódico de Cataluña (25 de noviembre de 2003)
 
El uso invita a concluir que el espacio de este periódico que ocupan las líneas que el lector tiene ante sus ojos se reserva a la opinión de un articulista. La convención sugiere que a éste le corresponde glosar algo que, al menos en su sentido más elemental, obra ya en conocimiento del público aun cuando merezca -cabe suponer- una aproximación singular. Las líneas que siguen están obligadas a romper, sin embargo, con ese molde y a hacerlo para poner en manos del lector un puñado de circunstancias, no ya opiniones, que por razones varias le son probablemente desconocidas.
En junio pasado se celebró en la ciudad griega de Salónica una cumbre de jefes de Estado de la UE que fue contestada por diversos actos y manifestaciones. De resultas de estas últimas se practicaron más de cien detenciones, 29 personas fueron colocadas a disposición judicial y 8 acabaron en prisión preventiva (una de ellas accedió, luego, a la libertad condicional), con acusaciones de resistencia a la autoridad, desórdenes, alteración de la paz pública, incendios y posesión y uso de armas. Las únicas pruebas contra los detenidos las aportaron las declaraciones de la policía griega, que afirma que algunos de aquéllos llevaban tirachinas, tuercas y cócteles molotov. En un vídeo doméstico se puede apreciar, con todo, cómo un policía cambia la mochila de Simon Chapman, uno de los acusados, por otra distinta. Según las declaraciones de uno de los detenidos de nacionalidad española, Carlos Martín, su mochila, llena de ropa, fue sustituida por otra portadora de tirachinas y tuercas; también a Fernando Pérez, de nuevo de nacionalidad española, y acusado de lanzar cócteles molotov, le cambiaron su bolsa.
La policía hizo un uso manifiesto de la fuerza, contra los manifestantes, primero, y contra los detenidos, después. Varios de entre éstos han declarado malos tratos en la forma de golpes continuados realizados con porras, puños y martillos. Al mencionado Carlos Martín le arrancaron mechones de cabello y le provocaron hematomas en los brazos. A Fernando Pérez le rompieron un diente y le provocaron problemas varios de respiración y dolores pectorales. El recurso a la fuerza y a las amenazas se vio completado, por lo que parece, con un reguero de irregularidades. Mencionemos entre ellas la intimidación derivada de la presencia de miembros de la policía secreta durante las declaraciones ante el juez; la ausencia de garantías procesales elementales, tanto más grave cuanto que -reiterémoslo- las únicas pruebas son las aportadas por la policía; la posibilidad de que a los detenidos se les aplique la prisión preventiva durante nada menos que 18 meses, y el nulo respeto de la presunción de inocencia. Agreguemos, para ilustrar la condición infame de los centros de reclusión, que los dos ciudadanos españoles que decidieron declararse -a ello nos referiremos ahora- en huelga de hambre fueron trasladados inicialmente a una celda de cuatro metros cuadrados, sin agua y con luz permanente.
Una prueba más del comportamiento, no precisamente edificante, de las autoridades griegas la ofreció la campaña mediática que desplegaron: llena de toques alarmistas, constituye una auténtica ceremonia de la confusión conscientemente programada. Sin aportar ninguna prueba al respecto, de uno de los detenidos españoles se ha dicho que era "un vasco, líder anarquista buscado en tres países de la UE" y responsable de "una conspiración internacional".
Como ya hemos avanzado, varios de los detenidos se encuentran, desde semanas atrás, en una huelga de hambre que ha entrado en su estado crítico. Suleiman Dakduk, sometido a un proceso de extradición a su país, Siria, en donde podría enfrentarse a una cadena perpetua por razones políticas, la inició el 21 de septiembre. Carlos Martín, Fernando Pérez y Simon Chapman le siguieron el 5 de octubre, en tanto Spyros Tsistas se les sumó tres días después, sin que los medios de comunicación entre nosotros muestren mayor inclinación a ocuparse de su situación.
Si los hechos que acabamos de mal describir son inquietantes por sí solos, su relieve se antoja tanto mayor cuanto que ilustran una deriva planetaria que se ha hecho singularmente palpable tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Lo que ha ocurrido en los últimos meses en Salónica no es en modo alguno una excepción: se trata, antes bien, de un fidedigno termómetro que ilustra que la agresión frente a derechos y libertades, y con ella la conculcación de garantías elementales, no es privativa de EEUU. Ha alcanzado de lleno, muy al contrario, a nuestra civilizada UE de la mano de un conjunto de prácticas cuyo objetivo no es hacer frente al terrorismo sino amedrentar a quienes disienten. El procedimiento, por lo demás bien conocido, reclama una abrupta distorsión de los hechos, la demonización de sus supuestos responsables y, en suma, la franca criminalización de los movimientos de contestación.

 
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